Realmente, a nadie le gusta recibir comentarios negativos.
Aunque digamos que “no nos importa lo que piensen los demás”, en el fondo todos sentimos ese pequeño golpe cuando alguien nos juzga o señala algo desfavorable de nosotros.
Pero… ¿por qué nos afecta tanto una crítica?
Y…¿Qué podemos hacer para que no nos desestabilice?
¿Qué es realmente una crítica?
Una crítica es una valoración sobre algo que hacemos, decimos o somos.
Puede ser positiva o negativa, constructiva o destructiva.
El problema es que, muchas veces, cuando escuchamos la palabra “crítica”, automáticamente pensamos en algo malo.
En realidad, una crítica no es más que una opinión externa.
Una mirada distinta a la nuestra.
Y eso no tiene por qué ser negativo.
El conflicto surge cuando asociamos la crítica con el rechazo o la desaprobación.
¿Por qué nos afectan tanto?
Desde un punto de vista psicológico, la crítica activa una parte muy primitiva del cerebro: la que busca aceptación y pertenencia.
Somos seres sociales. Necesitamos sentirnos incluidos, valorados y reconocidos.
Cuando alguien nos critica, nuestro cerebro lo interpreta como una amenaza.
“Si me critican, significa que algo en mí no está bien”.
Y, automáticamente, se despierta el miedo al rechazo.
Además, no todas las personas procesan una crítica de igual forma.
Depende de muchos factores:
- La autoestima.
- El momento vital que estamos atravesando.
- El tono o la forma en que nos lo dicen.
- Nuestra historia personal (por ejemplo, si crecimos con exigencia o con miedo a fallar).
Por eso, la misma frase puede hacerle daño a una persona y pasarle inadvertida a otra.
No todas las críticas son iguales
Y no todas nos afectan igual.
Hay críticas que nos ayudan a crecer y otras que solo buscan herir.
Aprender a diferenciarlas es clave para protegernos emocionalmente y para quedarnos con su parte positiva que nos puede ayudar a ser mejores.
La crítica constructiva: Es la que parte del respeto y tiene una intención positiva. No se enfoca en “lo que está mal”, sino en cómo mejorar.
Por ejemplo: “Creo que podrías organizarte mejor para que no te sientas tan agobiado”.Duele un poco, sí.
Pero detrás hay una intención de ayuda.La crítica destructiva: Es la que no aporta nada. Solo juzga o descalifica.
Suele venir cargada de ironía, sarcasmo o superioridad.
Por ejemplo: “Siempre haces las cosas mal, no sé cómo esperas que te salgan bien”.No busca mejorar, busca hacer daño o controlar.
La crítica proyectada: A veces, lo que el otro critica dice más de él que de ti.
Cuando alguien juzga constantemente, puede estar proyectando sus propias inseguridades y evitar la autocrítica.
Si una persona no tolera su propio error, tenderá a señalar los de los demás.
Cómo aprendemos a gestionarlas
Por desgracia no nos enseñan de pequeños a “manejar” las críticas. ¡Y qué pocas personas nacen con esa habilidad!
Pero no consiste en “no sentir nada” cuando nos critican. Se trata de aprender a escuchar sin perder el equilibrio emocional.
Lo primero es preguntarnos a nosotros mismos por qué nos ha afectado tanto. ¿Realmente la crítica ha sido tan importante o malintencionada? ¿Es por la crítica o por la persona que nos la dirige?
Es necesaria esta introspección, para tomar conciencia de lo que ha pasado y la repercusión que ha tenido en nuestras emociones.
Debemos aprender a aceptar y gestionar las críticas, ya sea las que nos formulan personas cercanas a nosotros, como las que nos hacen otras de diferentes entornos.
Y ¿Cómo podemos actuar para que no nos hundan? Incluso ¿Cómo podemos comportarnos con resiliencia? Algunas ideas para conseguirlo son:
1. Para, respira y escucha:
Cuando alguien te critica, la reacción automática es defenderte.
O justificarte.
O, a veces, quedarte en silencio con la herida dentro.
Respira antes de responder.
Escucha el mensaje, pero también observa cómo te lo dicen.
¿Hay cuidado? ¿Hay intención de ayudarte? ¿O no percibes buena intención?
Tu cuerpo te da muchas pistas: atiende a si sientes tensión, calor, enfado o vergüenza. Date un momento.
No tienes que responder al instante.
2. No todas las críticas merecen respuesta:
Aprender a elegir qué críticas procesar y cuáles dejar pasar es un signo de madurez emocional.
Si la crítica viene de alguien que no conoce tu historia, tus esfuerzos o tus valores, quizás no merece tanto espacio dentro de ti.
Recuerda: no todas las opiniones tienen el mismo peso.
3. Usa la crítica como espejo:
Las críticas, aunque duelan, pueden mostrarte algo que no veías.
Si alguien te dice algo que te remueve, pregúntate:
“¿Por qué me molesta tanto?”
A veces, lo que más nos irrita de una crítica es que toca una parte de nosotros que ya sabíamos que necesitaba atención y que nos habíamos ocultado.
4. No conviertas la crítica en identidad:
Un error, una observación o un comentario no definen quién eres.
Puedes cometer fallos, tener defectos y seguir siendo un ser humano maravilloso.
No eres tus errores.
Eres alguien que aprende de ellos.
5. Aprende también a dar tu opinión crítica:
Ser asertivo es saber cómo expresar lo que no nos gusta sin herir y es una habilidad emocional.
Implica hablar desde la empatía y no desde la superioridad.
En lugar de decir “siempre haces esto mal”, puedes decir: “Cuando haces esto me siento así. Quizá podríamos probar otra forma”.
El cambio de tono cambia la conversación. Las palabras, y cómo las entonamos, pueden mover montañas.
La autocrítica, la más dura de todas
A veces, no necesitamos que nadie nos critique.
Ya lo hacemos nosotros mismos.
Esa voz interior que repite:
“No lo estás haciendo bien.”
“Podrías haberlo hecho mejor.”
“Seguro piensan que no vales lo suficiente.”
Esa es la crítica más peligrosa, porque viene de dentro, del interior. Y cuando la creemos, se convierte en una forma de autoexigencia y culpa.
¡Podemos ser nuestros peores enemigos!
La clave está en revisar cómo nos hablamos.
Tratarte con el mismo respeto y comprensión con el que hablarías a alguien que quieres.
Recuerda:
No puedes controlar lo que dicen de ti, pero sí puedes decidir cuánto poder les das sobre tu bienestar.
Si necesitas ayuda para gestionar las críticas, contesta en comentarios con la palabra CRÍTICA y te cuento cómo podemos trabajar juntos.
Regina






