Las cosas que dan más miedo que Halloween

¡SOS salud mental!

Llega Halloween y nos rodeamos de fantasmas, películas de terror y personajes que nos hacen pasar un mal rato. Sin embargo, hay miedos mucho más cotidianos que no necesitan disfraces ni casas encantadas. Están en nuestra rutina, en las preocupaciones que no nos dejan dormir, en el cansancio que arrastramos desde hace semanas o en esa sensación de que algo no va bien, aunque no sepamos explicar exactamente qué nos pasa.

A menudo, esperamos a encontrarnos realmente mal para prestar atención a nuestra salud mental. Mientras tanto, aprendemos a convivir con el malestar, lo justificamos o pensamos que desaparecerá por sí solo…hasta que llega un día que nuestra vida diaria se afecta.

Pero, ¿Qué podemos hacer para no descuidar nuestra salud mental? Lo primero, escucharnos un poco más a nosotros mismos y preguntarnos qué cosas hacemos diariamente que pueden afectar a nuestro bienestar emocional, como por ejemplo:

1. ¿Nos hemos acostumbrado a vivir con ansiedad?

Dar vueltas y vueltas a una conversación, anticipar que las cosas van a salir mal o sentir que “no llegamos”, que siempre hay algo pendiente, puede convertirse en parte de nuestro día a día. El problema aparece cuando asumimos que vivir preocupados y en alerta permanente es lo normal.

La ansiedad puede manifestarse como insomnio, irritabilidad, tensión muscular, taquicardia, falta de concentración etc. Desde luego esto no quiere decir que sentirse preocupado sea necesariamente un problema psicológico. Es lógico que tengamos preocupaciones, pero cuando el malestar se mantiene en el tiempo e interfiere en nuestra vida, ya no es saludable y conviene prestarle atención.

Lo inquietante no es sentir ansiedad alguna vez, sino acostumbrarnos tanto a ella que dejemos de imaginar una forma diferente de vivir.

2. ¿No sabemos parar ni cuando lo necesitamos?

¿Te cuesta descansar sin sentir que estás perdiendo el tiempo? ¿Necesitas mantenerte ocupado constantemente para no pensar en lo que te preocupa?

En ocasiones, llenar la agenda de tareas, planes y obligaciones nos ayuda a evitar emociones que no sabemos cómo gestionar. Seguimos trabajando, haciendo recados y atendiendo a los demás, pero apenas dejamos espacio para preguntarnos cómo estamos.

Mantenernos ocupados no es algo negativo en sí mismo. Sin embargo, cuando necesitamos estar haciendo algo continuamente para evitar el silencio y no escuchar nuestros pensamientos, puede ser útil explorar qué estamos intentando dejar a un lado.

Descansar no debería convertirse en otra tarea pendiente ni estar condicionado a haberlo terminado todo. El descanso es una necesidad básica para la salud física y mental.

 

3. Ya no disfrutamos como antes de cosas que antes nos encantaban

A veces, los cambios no llegan de golpe. Simplemente, un día te das cuenta de que ya no te apetece hacer los planes que antes disfrutabas, te cuesta encontrar motivación o tienes menos paciencia con las personas de tu entorno.

Puedes seguir cumpliendo con tus responsabilidades y mantener aparentemente el mismo ritmo de vida mientras, por dentro, sientes que algo ha cambiado.

La pérdida de interés, el cansancio constante o los cambios en el estado de ánimo pueden tener distintas causas. No permiten establecer por sí solos un diagnóstico, pero sí son señales a las que conviene prestar atención, especialmente si se mantienen durante un tiempo o afectan a tu día a día.

Es importante reconocer, lo antes posible, que las cosas no marchan como antes para dar un “empujoncito” y salir adelante.

4. ¿Nos comunicamos peor?

En ocasiones, el malestar emocional también se manifiesta en nuestras relaciones. Cuando acumulamos estrés, frustración o preocupaciones, puede resultarnos más difícil regular nuestras emociones y responder de forma que nos aleja de las personas que nos rodean.

Esto no significa que todo comportamiento deba justificarse por nuestro estado emocional.

Significa que comprender qué nos ocurre puede ayudarnos a identificar ciertos patrones y aprender otras maneras de gestionar lo que sentimos.

A veces, mejorar nuestras relaciones empieza por prestar atención a aquello que nos está pasando a nosotros mismos.

5. ¿Esperamos a tocar fondo para pedir ayuda?

Quizá esta sea una de las ideas más difíciles de cambiar: pensar que acudir al psicólogo solo tiene sentido cuando ya no podemos más.

Nos comparamos con otras personas, minimizamos lo que sentimos o nos repetimos que hay gente que está mucho peor. Así, vamos aplazando una conversación que podría ayudarnos a comprender qué nos sucede.

No existe un nivel mínimo de sufrimiento que debamos alcanzar para merecer ayuda. La terapia psicológica también puede ser un espacio para conocernos mejor, identificar patrones que nos hacen daño, afrontar cambios o desarrollar herramientas para gestionar nuestras emociones.

Pedir ayuda no significa que no seamos capaces de resolver nuestros problemas. A veces, significa reconocer que necesitamos una perspectiva diferente para hacerlo.

Cuidar tu salud mental también es una forma de prevención

No todas las épocas difíciles requieren tratamiento psicológico, ni sentir tristeza, ansiedad o preocupación significa que exista un trastorno. Las emociones forman parte de la vida y no necesitamos eliminarlas para encontrarnos bien.

Lo importante es aprender a reconocerlas, entender qué nos están indicando y observar cómo influyen en nuestra vida cotidiana. Si el malestar persiste, aumenta o empieza a afectar a nuestro descanso, nuestras relaciones o nuestras responsabilidades, consultar con un profesional puede ayudarnos a comprender qué ocurre y qué podemos hacer al respecto.

Este Halloween, además de pensar en los monstruos que aparecen en las películas, quizá merezca la pena prestar atención a esos pequeños avisos que llevamos tiempo pasando por alto.

No necesitas esperar a tocar fondo para empezar a cuidarte. Si sientes que algo no va bien, en Evolma Psicólogos podemos ayudarte a comprender lo que estás viviendo y encontrar herramientas para afrontarlo. Puedes ponerte en contacto con nuestro equipo y solicitar una cita en consulta.